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José Antonio Pascual, vicedirector de la RAE, publica "No es lo mismo ostentoso que ostentóreo"

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El pasado jueves salió a a venta el último trabajo del vicedirector de la Real Academia Española, "No es lo mismo ostentoso que ostentóreo. La azarosa vida de las palabras", un manual léxico, editado por Espasaestructurado en ocho capítulos en el que José Antonio Pascual nos hace testigos de la forma en que el ADN de las lenguas se ve contaminado a través de los múltiples errores gramaticales y significativos a los que sometemos a algunas palabras.

Un libro inteligente y divertido con el que el autor refleja su pasión por la lengua española y con el que pretende ayudar a mejorar la comprensión y uso de algunas palabras del español con las que se tropieza a menudo. Pascual, pretende orientar al lector sobre los medios que tiene a su disposición para aumentar su seguridad en el buen uso del léxico de las palabras que configuran nuestra lengua.
"La lengua, como los gobiernos, tienen una tendencia natural a degenerar"
Samuel Johnson

A veces, vamos de eruditos por la vida, y acabamos abusando o maltratando muchos "palabros" del español, aunque en otras ocasiones el excesivo cuidado que tenemos al emplearlas logra hacerlas sonar mejor si cabe. En este "manual de autoayuda lingüística" se destaca que nuestro lenguaje no es un enemigo contra el que tengamos que luchar en nuestra vida por esas normas extrañas que tenemos que tener en cuenta para hablar/escribir correctamente, sino que la lengua es un instrumento que hemos de tratar de manejar cada vez mejor a lo largo de nuestra vida para poder llegar a entender a los demás, e inclusive a nosotros mismos.

José Antonio Pascual
Pascual, que define al diccionario común como "una especie de servicio de urgencia de la lengua, para salir del paso; una guía de teléfonos", recoge ejemplos de errores comunes como el uso que personalidades como Vargas Llosa, Benedetti, Pérez-Reverte, Miguel Delibes o Manuel Vicent dan a la palabra "escuchar" cuando el significado es "oír" , o como otros emplean "ver" cuando en realidad quieren decir "mirar".

En definitiva, la lengua es un instrumento que está ligado a un cambio constante y que por ello debe adaptarse a una sociedad dinámica. La aparición de nuevas palabras o significados, la recuperación de otras olvidadas, las tomadas de una lengua extranjera o el abandono de algunos vocablos, no deben asustarnos ni escandalizarnos siempre que se hagan en pos de la comunicación, finalidad última de las lenguas y es que, la clave que subraya Pascual para solucionar estos tontos errores "está en la lectura, lectura, lectura".

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