Alba Rohrwacher

Crítica de "La soledad de los números primos"

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Artículo por Esther Pardo Isla

Se estrena la adaptación cinematográfica del best-seller “La soledad de los números primos”

El físico y escritor italiano Paolo Giordano, ha participado como co-guionista en la adaptación de su primera y exitosa novela homónima, que se estrena esta semana en la cartelera española, tres años después de su aparición en el Festival de Venecia.

Dirigida por Saverio Costanzo, premiado con el David de Donatello y en la Seminci de Valladolid como mejor director por su ópera prima de ficción,“Domicilio privado”, la película pretende contar la historia de amor entre Alice y Mattia, dos almas solitarias y torturadas desde su infancia. Una historia que en ningún momento logra atrapar interés y, mucho menos, entretener o aportar la emoción que debería transmitir en su paso del papel a la pantalla un tema de estas características.

El recurso de utilizar el suspense lanzando la pregunta de “cuál es el trauma de la infancia que les ha dejado tan mutilados para el resto de sus vidas”, no sujeta en absoluto la narración. La respuesta resulta previsible, incluso deja de interesar lo más mínimo lo que les haya sucedido, ya que no se logra empatizar con ellos.


La muestra de la crudeza de las cicatrices de los cuerpos que marcan a los protagonistas, interpretados por Alba Rohrwacher y Luca Marinelli, es un ejemplo de la obviedad con la que se busca retratar el sufrimiento a lo largo de la vida de la pareja. Ellos son los números primos, los incomprensibles para los demás. Tesis que los autores ponen en boca de uno de los personajes secundarios, como si el verbalizar la metáfora bastara para sentir la catarsis de dos personajes que, pese a estar unidos por su condición, son incapaces de permanecer juntos.

Ni siquiera Isabella Rosssellini, cuya aparición en pantalla suele ser siempre un aliciente, salva una película que no camina hacia ninguna dirección, por mucho que se estructure en cuatro momentos consecutivos en la vida de Alice y Mattia: niñez, adolescencia, años universitarios e inicio de vida adulta. Y siempre vuelta a la infancia a través de flashbacks, para desgranar el episodio que explica el porqué de su condición. La torpeza y falta de sutileza de estructura y puesta en escena, apuntalada por una banda sonora plagada de molestos sintetizadores cual película de Troma, casi sería lo de menos. Pero tienen como consecuencia la ausencia de emoción en guión y dirección. Y eso es imperdonable.

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